Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

Cómo Recuperar tu Alma.

¡Buenos días! ¿Qué tal va tu semana? Espero que muy bien…

Y me dices, “sí Iñaki, tú siempre tan optimista. Pero claro, el trabajo, el estrés, los compromisos, las casa, la familia… Todo pesa y parece que se hace un mundo. ¡Si es que lo mío no tiene remedio!”.

(Si lo recuerdas, este post de hace algunas semanas empezaba exactamente igual. Pero los mismos comienzos pueden llegar a lugares completamente distintos. A ver donde nos lleva hoy)…

Sí, estás agobiado/a por todo lo que tienes que hacer, por todo lo que te pasa, y piensas que esto es una rueda sin final, en el que los días se repiten como el día de la marmota.

¿Esto va a ser siempre así?

Decía Charles Dickens: “Mi vida ha estado llena de situaciones catastróficas, la mayoría de las cuales nunca sucedieron”.

Sonríes al leerlo y le das la razón. Pero las tuyas sí que son de verdad, o al menos así lo sientes y percibes todo su peso…

Y así un día tras otro llega la noche y has esquivado de alguna forma el hecho de afrontar todas esas cosas, y no sabes bien cómo.

Bueno, en parte sí lo sabes: corriendo a todas partes, con mil tareas, de un lado para otro.

Comes a toda prisa, has quedado con Andrés, llevo a la niña a la piscina, que no se me olvide comprar, llegas a casa, mil cosas por hacer, pon la tele, o música, no quiero pensar demasiado, estoy tan cansado…

Te agotas, no puedes más, pero por lo menos no has tenido que enfrentarte a esos fantasmas que siguen ahí, acompañándote. Dan tanto miedo, que sigues sin querer mirar.

Y te metes en la cama con la sensación de que mañana volverá a estar ahí esa montaña de cosas (las verdaderas cosas importantes que tu ya sabes) por resolver.

Porque, ¿qué es lo que pasa si te detienes un momento?

Un aventurero avanzaba en una tierra ignota de áfrica acompañado por sus porteadores. Machete en mano se hacía paso entre la poblada selva, tratando de desvelar los caminos.

Cuando aparecía uno se apresuraba por él, y cada nueva barrera natural, río, barranco, piedras o troncos, la superaba lo antes posible para seguir avanzando. ¡Adelante! ¡Sigamos!

Avanzar, y avanzar, era su única obsesión. ¿Qué habría más allá de la siguiente barrera?

En un momento dado se giró y vio que sus porteadores se habían detenido a descansar. Se extrañó. Apenas llevaban unas horas de marcha.

¿Qué hacéis, por qué os habéis parado? ¿Estáis cansados?

Uno de ellos le miró y contestó. No, señor, no estamos cansados. Pero avanzamos tan deprisa y sin saber adónde, que hemos dejado atrás nuestra alma. Ahora debemos esperar hasta que nos alcance de nuevo…

Esto pasa cuando te sientas a esperar. Que te alcanza tu alma.

Y tu alma te dice lo que está bien y lo que no lo está para ti. Y te lo dice con mimo, con dulzura, porque sabe que puede ser doloroso. Pero también con sinceridad, directo a lo importante, porque sabe que es liberador.

Te dice: tu relación de pareja no está bien y corres y corres de un lado a otro y llegas agotada a casa para no pensar en ello y quieres creer que es por eso que llevéis tanto tiempo sin hacer el amor. Y tu alma te dice, no, no es por eso.

Quizá te dice que no te gusta el trabajo que haces, que por mucho que le busques algo a lo que agarrarte. Cada día te cuesta más ir con una sonrisa y cumplir con esa tarea, y echas la culpa a tu jefe, y al horario, y a ese compañero insufrible. Y tu alma te dice, no, no es por eso.

Te dice lo que has hecho mal y si has hecho daño a otra persona, y te dice lo que tienes que hacer para repararlo.

Tu alma te dice que no es normal sentir depresión, o ansiedad, y que por mucho que corras, esos pensamientos obsesivos, esa fobia o tus problemas de relación no van a mejorar tan solo por pretender que no están ahí.

O quizá te dice que vas por el buen camino, que debes seguir avanzando por esa selva, porque los obstáculos son los necesarios para llegar a un lugar mejor, ese que llevas tanto tiempo buscando. Que sigas adelante que no abandones ahora.

Tu alma te dice todas esas cosas y muchas más, pero hay que poder pararse a escucharla.

Iñaki, lo veo. ¿Pero cómo se hace eso?

Buena pregunta. Tomando conciencia. Dedicándote una cita. Olvidando la tele o los cascos. Buscando ayuda de alguien que pueda guiarte en el camino. Y para empezar haciéndote estas preguntas…

¿Estoy donde quiero estar? ¿Es este mi camino? ¿Lo que estoy haciendo ahora me lleva a dónde quiero ir? ¿Está alineado con mi esencia, con mis valores? ¿O se aleja de ellos?

¿Cómo es mi mundo interno? ¿Qué siento? ¿Es tranquilo o está revuelto? ¿Sufro? Si es así, ¿qué lo provoca?

Y ahora, ¿qué tengo a mi alrededor? ¿Mi trabajo, tarea y obligaciones, me ayudan a ser mejor, a desarrollarme como persona?

¿Y mis relaciones, mi pareja, mis hijos, mis amigos? ¿Tengo lo que quiero? Si no es así, ¿qué me falta? ¿Por qué no lo consigo?

¿Qué puedo cambiar en mi forma de pensar y qué puedo hacer hacia fuera para ser más feliz?

Todo esto te puedes preguntar, sin prisa y con sinceridad. Y verás que no vas a decirte nada que no supieras, que ya estuviera allí.

Y te vas a poner contento de algunas cosas, y algo triste y melancólico en otras, como quién reconoce la pérdida de algo, esa especie de falsa inocencia del que no desea saber. Pero que a su vez es la única manera de empezar a cambiar.

Y un alivio al descubrir cómo alguno de esos fantasma se ha hecho de pronto más pequeño tan solo con fijar la vista en él.

Y aunque no desaparece del todo pesa menos, y parece que el día se hace más ligero, y por la mañana te levantas algo más animado y consciente. Y lees de nuevo el inicio de este post y dices:

“¡Hola Iñaki! Sí, quizá esta semana sea un poco mejor que la anterior…”. 

Y te pones en marcha como si al fin, tu alma te hubiera alcanzado.


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