Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

¿CUÁNTO TIEMPO SE PUEDE AGUANTAR PASÁNDOLO MAL POR UN TOC? MUCHO. ¿CUÁNTO DEBEMOS AGUANTAR? ¡NADA!

Hoy hablamos sobre el TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) del que ya he escrito en otras ocasiones. Primero porque me pasó una experiencia personal (ver este post) y después porque quiero aportar mi granito de arena para ayudar a los que lo sufren (cómo saber si lo tenemos aquí, y cómo luchar contra los pensamientos obsesivos en este otro post).

El caso es que estaba pasando unos días en Luxemburgo. No pongo mucho la televisión allí, en parte porque estoy siempre con mil cosas que hacer y en parte porque no hablo aún, (pero me comprometo a que pronto lo haré) el francés. Así que en los ratos de ocio suelo mirar algún video de internet.

Me gustan mucho las charlas de TED. Ponentes de calidad que saben de lo que hablan, y con el tiempo justo para darte un mensaje claro que te impacte y te haga reflexionar. Duran 20 minutos, que es teóricamente, el tiempo que podemos mantener la atención antes de empezar a distraernos.

Mi pareja me dijo. “¿Sabes que hoy es el TEDx Madrid? Lo están dando en directo por streaming. ¿Lo ponemos un rato?”. ¡Buena idea! Así que ponemos la página y me encuentro con Damián Alcolea, un conocido actor español que se planta en mitad el escenario y dice. “Señores, yo sufro de un Trastorno Obsesivo Compulsivo. Y he tardado 7 años en pedir ayuda. Esto no puede ser”.

Y yo le miro con los ojos bien abiertos y pienso: “Este hombre es muy grande”. Y después escucho como transmite su experiencia, da datos, comparte y emociona, como alguien que lo ha pasado muy mal y que quiere decir a aquellos que le vemos que tener un TOC no es el fin del mundo, que hay que luchar contra el estigma de la enfermedad mental, que no hay que sufrir por miedo o vergüenza y sobre todo, que existen tratamientos eficaces.

Y cuando acaba de hablar y la gente le aplaude muchísimo, no puedo más que quitarme el sombrero y decidir escribir un post para difundir su video y su mensaje. 

Y aquí lo tenéis. Dura tan solo cuatro minutos y merece la pena verlo.

¿Bonito verdad? De nuevo enhorabuena para Damián por su valentía y generosidad.

Y ahora aporto mi granito de arena con una breve experiencia con uno de mis pacientes.

Antonio vino a mí porque tenía dificultades con el consumo de alcohol. No bebía a diario pero cuando llegaba el fin de semana, tomaba la primera cerveza y ya no podía parar. Se había metido en un montón de líos, perdía el control, le afectaba a su relación de pareja, a su trabajo… Y había tomado la determinación de dejarlo de una vez.

Acudió desde el primer día con esa petición clara y explícita: “Por favor Iñaki, ayúdame a dejar de beber”. No se quejaba de ningún otro problema, y aparte de esa relación patológica con el consumo de alcohol, llevaba un a vida completamente normal. 

Quizá porque me he formado en una escuela clásica, exploro sistemáticamente todas las áreas de la psicopatología, independientemente del motivo principal de consulta. Sabía que Antonio no iba a presentar nada extraño pero como siempre, es mejor preguntar que presuponer…

-¿Alteraciones en el sueño, en el apetito…?

-No

-¿Estado de ánimo?

-Bueno, como siempre.

-¿Alguna vez has tenido algún episodio de sentirte muy eufórico, con el pensamiento acelerado?

-No

-¿Escuchar palabras o voces en tu mente que otros no oyeran…?

-No, nada de eso…

-¿Pensamientos que no te puedes quitar de la cabeza? ¿Manías o rituales que no puedas dejar de hacer?

-…

-¿Si?

-Doctor, esto no se lo he contado nunca a nadie.

-Bueno, pues aprovecha…

Y de pronto Antonio me cuenta que su día a día está lleno de rituales que no puede evitar porque entonces piensa que algo malo le va a ocurrir a su familia o a su negocio. Manías tan absurdas que le da vergüenza incluso contar a su mujer. Gestos que tiene que repetir en secreto, palabras que murmura y pensamientos obsesivos que le invaden y le restan muchísimo tiempo y energía.

Y entonces la pregunta… 

-¿Y cuanto tiempo llevas así, Antonio?

-Pues más o menos desde los 17 años. Ahora tengo 40.

23 años pasándolo así de mal en secreto por miedo, temor o vergüenza a lo que pudiera pensar la gente, a que le tomaran por “loco”. 23 años en los que no se benefició de alguno de los tratamientos eficaces que existen.

Le dije: “Bueno Antonio, has tardado un poco en contarlo pero ya está listo, ¡enhorabuena!

Él se rió entre aliviado y expectante por lo que acababa de hacer.

Y después nos pusimos a trabajar tanto para su recién diagnosticado TOC, como para el tema del alcohol (¿acaso no no se relacionaba una cosa con la otra? ¿que de alguna manera usaba el alcohol como una válvula de escape para tanta ansiedad acumulada?).

Y Antonio mejoró. Y poco después retomó su nueva vida, libre de alcohol y de la mayoría de síntomas que le asaltaban.

Así que, si por un solo momento te sucede algo parecido a lo que le pasaba a Antonio o a Damián, no dudes un solo instante en decirlo, a quién sea, a pedir ayuda lo antes posible: no sufras ni un segundo más de lo necesario. ¿No tienes nadie cerca? Escríbemelo a mí. Sin compromiso. Te servirá como primer paso y te orientaré para los siguientes, bien conmigo o con algún otro compañero que te pueda ayudar.

Bueno, ya me he enrollado mucho por hoy. Espero que te haya gustado el post. Si es así no dudes en compartirlo para llegar a más gente, y nos vemos este domingo en la newsletter (apúntate si no lo has hecho ya. Te envío resúmenes de las publicaciones. Nada de Spam, solo cosas que te sirvan, y los dos regalos de bienvenida que tengo ahora mismo: apuntarme a la lista).

¡Un abrazo y feliz día!

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2 comentarios
  1. y cuánto tiempo se puede convivir con una persona diagnosticada de TOC q sigue pensando q son manías tuyas, q él está bien y que abandona la medicación y se pasa por el forro los consejos de la terapeura? A mi me ha destrozado el matrimonio y la vida y no soy capaz de tomar la determinación de echarlo de casa.

    • Hola María. Sí, difícil situación la que planteas. Un elemento fundamental para la curación es que la persona que padece el TOC tenga lo que llamamos “conciencia de enfermedad”.Esto es, que reconozca que tiene un problema y que necesita ayuda y tratamiento, y que colabore con él. Sin esa toma de conciencia inicial es muy difícil hacer nada y claro, las personas más cercanas son las que más lo sufren.
      No hay una solución fácil. Cada situación individual es única y solo tú vas a saber lo que tienes que hacer.
      Llega un momento eso sí, en que una vez que lo hemos intentado todo para ayudar a nuestro familiar, debemos poner el foco en nosotros mismos y valorar qué es lo que queremos y lo que necesitamos. En esas circunstancias, que siempre son difíciles, no está de más pedir ayuda o consejo a un profesional si lo estimas necesario, para aclararte al máximo antes de tomar ninguna decisión.
      Gracias María por compartir tu experiencia, y te mando un saludo afectuoso y mucho ánimo.

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