Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

DALE UNA “PALIZA” A TU TERAPEUTA

Durante muchos años trabajé en Hospitales de Día de psiquiatría. Creo que es uno de los dispositivos más bonitos para un profesional que se dedica a la psicoterapia.

El paciente a acude a diario al centro y generalmente permanece unos cuantos meses durante los cuales nace un vínculo terapéutico muy estrecho y potente, desde el que se pueden generar cambios espectaculares en muy poco tiempo.

Para los profesionales es un espacio muy gratificante y puedo decir que ahí desarrollé gran parte de mi estilo profesional, y muchas de las herramientas y técnicas que utilizo en la actualidad para promover el cambio en las  personas.

Una de las cosas que aprendí es que siempre que llegas a un sitio nuevo pasan cosas como esta…

Me acomodé en la única silla que quedaba libre en la terapia de grupo. Todas las personas que lo integraban estaban sentados hacía un rato y me miraban en silencio con expectación. Mi predecesor, el Dr. Rey, me había comentado que era un grupo que llevaba trabajando juntos unos cuatro meses. 

“Hay alguno que ha estado bastante mal, pero verás que el grupo es bastante contenedor. Se apoyan y refuerzan de manera positiva, con buenas dinámicas… Vamos que prácticamente no vas tener más que darles la palabra y poco más. No te podrás quejar que te los dejo más que controlados…”.

Con esta idea en mente me presenté. Era el nuevo psiquiatra e iba a estar con ellos de ahí en adelante. Como era mi primer día con ellos les pedí que hiciéramos una pequeña ronda de presentación, en la que me dijeran quiénes eran, porqué acudían al grupo y qué era lo que les había aportado hasta ese momento.

Las dos primeras personas se presentaron, comentando sus nombres y algunos problemas de ansiedad que iban superando con la ayuda de todos. Pero al llegar al tercer participante…

“Mire usted, me llamo Alejandra. No sé porqué vengo porque cada día me encuentro. Esta semana pensaba que no lo soportaba más. Todo son problemas a mi alrededor. ¡Si he pensado incluso en la muerte! ¿Qué me dice? Esta depresión, que no me deja en ningún momento del día… ¿Como se puede vivir de esta forma? ¿Qué puedo hacer que no haya hecho ya? ¿Doctor?”.

El Dr. Rey no me había comentado nada especial de Alejandra y me sorprendió ver que se percibía forma tan negativa. La ofrecí unas palabras de ánimo y que podríamos tratar eso que planteaba una vez que termináramos la ronda de presentación.

Pero al pasar a la siguiente persona, un joven llamado Jorge, de nuevo me encontré con un listado de problemas “urgentes” que resolver. Había tenido una semana terrible, con ataques constantes de ansiedad, una pelea con su hermano y miedos a haberse contagiado de una enfermedad infecciosa que no sabía definir.  

Marina había vuelto a vomitar después no-sé-cuántas semanas, Tomás estaba según él mucho peor que todos los demás y el grupo no le servía para nada. Pedro tenía diarrea, e incluso las dos primeras personas que se habían presentado y que no habían referido nada importante dijeron que querían de nuevo la palabra para rectificar. También había sido una semana horrible para ellos.

Me pasé la terapia de grupo dando palabras, quitándolas, señalando cosas, corrigiendo, apoyando, frenando, moviendo… Lo que según el Dr. Rey era un grupo que iba prácticamente solo, se había convertido en un torbellino de emociones y problemas, que de después de terminar me había dejado completamente exhausto. 

El grupo sin excepción me había dada una buena “paliza” de bienvenida.

La primera vez que me pasó pensé que era cosa de las circunstancias, una casualidad que la mayoría de los participantes se encontraban peor justo ese día. 

Pero según fui creciendo como profesional me di cuenta de que algo similar pasaba cuando me hacía cargo de un nuevo grupo. Y entonces comprendí que no era una casualidad sino que el grupo de alguna manera te prueba ofreciéndome su peor cara. La pregunta que me estaban haciendo en realidad era:

¿Podemos confiar en ti? Si a partir de ahora vamos a mostrarte nuestras debilidades, pensamientos, sueños, fracasos, problemas… ¿vas a ser capaz de escucharlos sin asustarte? ¿Vas a poder hacerte cargo temporalmente de ellos hasta que nosotros seamos capaces de hacerlo solos? ¿O vas a asustarte y dejarnos expuestos y con más ansiedad? 

Cada vez que inicio un tratamiento o un proceso de cambio se produce de manera más o menos consciente esta prueba de confianza. Y no se da de un día para otro. La persona que pide ayuda va a medir siempre si eres capaz de ayudarle, mostrándote cada vez pequeñas parcelas de sí mismo. Poco a poco podrá comprobar que sí puede confiar en ti, y entonces la relación fluye y pueden producirse cambios extraordinarios.

El terapeuta (y por ello me refiero a psicólogo, psiquiatra, coach… cualquiera que ofrezca una ayuda de cambio personal) debe tener en cuenta esta circunstancia y medir bien sus fuerzas y capacidades. 

Nunca se debe abrir un tema sensible para la persona que no estemos seguros de poder cerrar. Si sentimos que excede a lo que sabemos hacer, deberemos rápidamente derivar a otro compañero o profesional que sí sepa qué hacer con eso que hemos descubierto. 

Por ejemplo. Imagina que te estoy ayudando con técnicas para controlar la ansiedad, o para mejorar tu relación de pareja, ayudarte a organizar tus prioridades personales y tu trabajo, o para superar un pequeña depresión. Y en el transcurso de la sesión surge que tienes además un problema con la alimentación, o ideas obsesivas, pensamientos sobre la muerte, o una experiencia de maltrato cuando eras niño…

¿Soy capaz de ayudarte con esto? ¿De explorarlo juntos y de ofrecerte algo que te sirva, que te ayude a estar mejor? Si es así, adelante, juntos podremos superarlo, pero si no, deberemos ser conscientes de ello y buscar a la persona adecuada.

Pero como siempre te digo, “todo es circular” (mira sino este post que gustó mucho), y no solo tú me pruebas a mí como terapeuta sino que yo también lo hago contigo. Y valoro si haces caso a mis indicaciones, estás motivado y comprometido, de la misma manera que yo lo estoy contigo para cambiar eso que te hace padecer. Veo si acudes a las sesiones con ganas de mejorar y superar de una vez eso que te pasa, si preguntas, si tratas de implementar lo que digo, si piensas sobre ello…

O por el contrario no tienes un verdadero deseo de cambio, solo te quejas pero no estás dispuesto realmente a hacer nada distinto.

Si de pronto tus ganas de mejorar se juntan con las mías de ayudarte, y ambos confiamos y nos embarcamos en mejorar las cosas, entonces la magia de la terapia sucede irremediablemente.

Así que como consejo de hoy después de muchas “palizas” recibidas y que he aceptado como una necesaria e importante prueba de confianza, te digo que sí: siempre debes sentirte seguro con la persona que te va a ayudar a solucionar tus dificultades y alcanzar lo mejor de ti. Si no es así, no pasa nada por consultar con otro profesional.

Y si además está motivado para el cambio y superar tus problemas para alcanzar esa felicidad que parece que en ocasiones se te escapa, entonces puedes contactar conmigo.

¡Aquí te espero! Eso sí, no seas demasiado duro la primera vez… 🙂

Si te ha gustado el post de hoy no dejes de compartirlo o dejarme tu comentario. Para contactar conmigo tienes este enlace. 

Te mando un fuerte abrazo, feliz semana y ¡nos vemos en el post del viernes!

Si te gustan los post de Mente en Positivo, puedes dejarme tu email y te enviaré resúmenes de las publicaciones. Nada de spam, solo cosas que te sirvan (y los dos regalos de bienvenida). Apuntarme a la lista.

6 comentarios
  1. Buenos días, me gusto y me parece muy importante su articulo, en otro momento me gustaría compartirle una experiencia, feliz dia

    • Gracias. Claro, será un placer escuchar tu experiencia que seguro que aportará valor para todos. Anímate. Un saludo afectuoso y feliz día también!

  2. Me gusto si artículo yo también trabajo, en hospital de día, y me identificó mucho con su experiencia.
    Los Px buscan nuestra contención y confianza emocional.

    • Así es Maria Elena. Gracias por tu comentario y estoy seguro de que disfrutarás mucho trabajando en hospital de día. Un fuerte abrazo

  3. Lo que comenta el Dr. es una actitud típica, que muy bien describe D. Winncot en “Deprivación y delincuencia”
    La situación es recurrente, tanto en pacientes que ingresan a una institución como con los pacientes de una institución hacia miembros nuevos del staff, y en consonancia con lo que afirma el Dr. Vásquez, se trata de un intento de testear la confiabilidad del otro antes de hacerlo depositario de expectativas de contención.

    • Hola Gustavo, gracias por tu comentario. No sabía que Winnicot tenía descrito esta dinámica en un o de sus textos. Me quedo con la referencia para consultarlo. Un abrazo y pasa un excelente semana!

Deja un comentario

Consigue tu libro

BAILANDO CON LA REALIDAD: Historias sorprendentes que te emocionarán.

 

ySinEmbargoTeQuiero: Claves para que consigas la mejor vida en pareja.

¡Nuevo ebook!