Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

DAR SIN ESPERAR + CONSTANCIA = LA UÑA QUE RÍE

Uña ríeTenía 10 años y estaba enamorado por primera vez. La veía todas las mañanas en el colegio y no me la podía quitar de la cabeza durante el resto del día. Tan dulce, tan alegre… Tenía un pelo largo y liso que bailaba alrededor de su cabeza cuando jugaba en el recreo. Me quedaba embobado mirándola, y cuando por casualidad ella me miraba también, yo giraba la cabeza avergonzado y con un nudo en el estómago. Por la noche me acostaba pensando en ella, y fantaseaba con que alguna vez seríamos novios.

Tras varios días dándole vueltas, finalmente me decidí. Me acercaría a ella y le diría que me gustaba y que si quería que fuéramos novios. Yo sabía que ella había sido novia, a la manera en que lo son los niños de 10 años, de otro chico del colegio, pero su mejor amiga me había dicho que lo habían dejado hacía una semana. Estaba claro que esa era mi oportunidad.

Cuando sonó lo sirena para salir al recreo noté cómo se me aceleraba el corazón. Con paso firme me acerqué a ella antes de que se formaran los grupos de juegos y le dije aquella frase que había estado repitiendo en mi cabeza toda la mañana: “Hola, ¿te gustaría que fuéramos novios…?”. Y después, la hecatombe: “No puedo, ya estoy de novia con Carlos”.

El mundo se me vino encima. Ya no era una persona, era un zombi que vagaba por la escuela, por la casa, por las calles. Despistado, sin rumbo, sin energía, sin ganas de comer… Mi madre, entre preocupada y cansada por mi aspecto lánguido y desvalido, me daba cachetadas en la cabeza: “Pero mira que estás tonto. Anda espabila que vamos a llegar tarde. Corre a cerrar la puerta de tu cuarto y vámonos”. Yo me acerqué a la puerta con aquella desvalida pose infantil, apoyé una mano en el quicio y dando un empujón con la otra cerré la puerta, con la mala fortuna de que me pillé la uña del dedo gordo. ¡Ayyyyyyy! La uña se tiñó de negro en un momento mientras de camino a la escuela yo maldecía mi suerte. ¿Podían pasarme más desgracias?

Aquello me debió durar 5 días, pero para un niño de 10 años 5 días eran mucho tiempo. La uña, como el desengaño amoroso se acabó curando: la que había sido machacada por la puerta se me cayó y fue reemplazada por otra. Pero la nueva vino con un pequeño defecto allí donde había impactado la puerta. Una hendidura a modo de cicatriz, que había de recordarme a partir de entonces mi primer mal de amores.

Puede llamarse manía, costumbre o quizá sea coquetería, pero casi todas las noches antes de irme a dormir me doy un poco de crema hidratante en las manos. Y el caso es que siempre que la aplico, dejo un poco más de cantidad en la cicatriz de la uña. No puedo evitar pensar en que necesita un poco más de hidratación que las demás, que le vendrá bien, y me imagino poniendo la mano en la cabeza de aquel niño de 10 años que soy yo mismo, para consolarle en sus penas infantiles. Y sonrío para mí al recordarlo.

Han pasado 30 años. Me voy a acostar. Cojo instintivamente el bote de crema y al pasar los dedos sobre la antigua cicatriz, noto algo distinto. Se ha movido. Un poco, hacia el extremo. Qué raro. No puede ser. Aplico la crema.

Pasan los días y me voy fijando con curiosidad. No es un error. La cicatriz se mueve empujada por la nueva uña que nace. ¿Cómo es posible? Cada semana me corto la uña sobrante y en un mes ¡la cicatriz ha desaparecido por completo! La nueva uña luce brillante, sonriente, como el primer día.

¿Qué significa? ¿Por qué ahora? Pienso en muchas cosas. Pienso en como el cuerpo tiene una capacidad sorprendente para regenerarse y curar sus heridas. Pienso que si el cuerpo la tiene también la tiene la mente. Pienso en que a veces es cuestión de esperar, que hay que tener paciencia, que las heridas tienen su proceso, su tiempo.

Pienso en que uno tiene que quererse y mimarse, mimar tu yo de ahora, pero también al de antes. Pienso en que hay que dar sin esperar, pienso en hacer las cosas con afecto. Pienso en la constancia, en la perseverancia. Pienso…

Esta noche al acostarme he cogido el bote de crema. Como de costumbre la he pasado por la palma, el dorso, entre los dedos… y al final, he dejado un poco más de crema en mi nueva uña. Es muy joven, acaba de re-nacer. Seguro que le vendrá bien un poco más de hidratación… 

2 comentarios
  1. Una historia preciosa Iñaqui
    Me parece una idea muy muy acertada que ahora, como adultos, mimemos a nuestro niño que fuimos en aquellas cosas, que quizá solo nosotros sabemos y ahora descubrimos que sabíamos que necesitábamos entonces cuando niños.
    Un saludo con cercania

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