Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

DSM: EL DIFÍCIL ARTE DE CREAR Y DESTRUIR ENFERMEDADES

dsm¿Qué es normal y qué no lo es en el campo de los trastornos psicológicos? ¿Quién lo decide? ¿En qué criterios se basan?

En este post voy a tratar de ofrecer algunas ideas acerca de cómo se determina que un comportamiento o síntoma sea o no considerado como “patológico”.

Cuando nos referimos al diagnóstico psicológico o psiquiátrico inevitablemente tenemos que hacer mención al DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos mentales). Es “la biblia” diagnóstica para los profesionales donde vamos a encontrar los criterios para todas y cada una de las enfermedades psicológicas.

Lo que no se encuentra ahí no existe como trastorno, pero de la misma manera, lo que aparece ahí se convierte en enfermedad y como tal se debe diagnosticar y la tratar. EL DSM tiene así el poder de “crear” y “destruir” enfermedades. Suena un poco mágico ¿verdad?

Lógicamente su redacción se basa en grupos de expertos que analizan las evidencias científicas de cada trastorno y van adaptando los criterios a los nuevos conocimientos, y también al avance de nuestra sociedad y cultura. Son expertos independientes (si esto fuera del todo posible) y que basan sus conclusiones en pruebas objetivas pensando, en teoría, en el mayor beneficio público.

EL DSM lleva 5 ediciones desde su creación en 1952 y ha variado considerablemente durante estos más de 60 años. Por ejemplo, la homosexualidad se consideraba un trastorno psicológico y como tal se recogía hasta la versión de 1986. Y como ésta, muchas condiciones, comportamientos y expresiones del género humano han pasado de un lado a otro de la barrera que separa la patología de la salud mental.

El DSM es una herramienta imperfecta, pero necesaria para trabajar. Necesitamos aunar criterios entre profesionales, saber de qué estamos hablando en cada momento. Conocer si un determinado grupo de síntomas y en qué grado, constituyen un diagnóstico y así poder prescribir los tratamientos que se han probado eficaces para ello. Cumple una función y lo hace razonablemente bien.

El pasado 28 de septiembre leí una entrevista al director de la penúltima versión del DSM, la cuarta. Allen Frances, neoyorquino, hace una dura crítica a la deriva de hiperinflación diagnóstica que lleva este manual en la última versión. Si en el DSM-IV se introdujeron 2 nuevos diagnósticos, en la quinta y última revisión hay… ¡94!

94 nuevas “enfermedades” que antes no se consideraban como tales, que no existían. ¿Cómo es esto posible? Frances hace una dura crítica al afán de “psiquiatrizar” comportamientos normales con un evidente interés económico por parte de la industria farmacéutica: cuantas más enfermedades y trastornos se diagnostiquen más fármacos habrá que vender para tratarlos…

Un ejemplo claro y sangrante con el que estoy plenamente de acuerdo. Cito del texto:

Pregunta. En 2009, un estudio realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada tres niños sea hiperactivo?

Respuesta. Claro que no. La incidencia real está en torno al 2%-3% de la población infantil y sin embargo, en EE UU están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos. Otro dato sorprendente: entre los niños en tratamiento, hay más de 10.000 que tienen ¡menos de tres años! Eso es algo salvaje, despiadado. Los mejores expertos, aquellos que honestamente han ayudado a definir la patología, están horrorizados. Se ha perdido el control. 

Los laxos criterios diagnósticos del TDAH unidos a una campaña en los medios en la que se nos explica la posibilidad de que nuestro hijo/a pueda padecerlo han hecho que se sobre-diagnostique y lo que es peor se traten niños con fármacos que seguramente no lo necesitan.

El segundo punto que refleja Frances es el daño que puede hacer el poner “etiquetas” diagnósticas a situaciones por otro lado normales. El estigma que supone, así como la identificación con la enfermedad. ¿Un ejemplo? La delgada línea que supone el ser tímido, con padecer “Fobia Social”. Pasamos de unos rasgos de carácter que no tienen porqué interferir en nuestra vida ni hacernos padecer fuera de situaciones puntuales, a sufrir un trastorno y vernos en la necesidad de tomar un tratamiento, cuando nunca antes lo hubiéramos planteado y sin que esté asegurada su eficacia.

Amigo: El otro día dijeron por la televisión que hay mucha gente que padece de Fobia Social y no lo sabe. ¿No te has planteado que te puede pasar a ti? Eres tan tímido…

: ¿Fobia social? No lo sé yo me encuentro bien. 

Médico: Según el DSM-V usted cumple criterios de fobia social, así que le aconsejo tomar este tratamiento que puede ayudarle a superarlo.

Sí, estoy exagerando un poco en el ejemplo, pero no demasiado. Hay una evidente inflación de enfermedades psicológicas, muchas de ellas, como la homosexualidad hasta 1986 que no debieran estar ahí. Y como señala Frances, gran parte se debe a la presión de la industria farmacéutica en su afán por vender más fármacos

Y otra parte no hay que olvidarlo, también se debe a nuestra tendencia a “culpar” a algo externo de aquello que nos sucede, y así evitar responsabilizarnos de que la mejoría tiene que partir de nosotros mismos. “No es que me pase tal cosa, es que tengo un enfermedad…”.

Los diagnósticos son necesarios, el DSM es una herramienta útil y necesaria. Pero debemos tener cuidado a la hora de diagnosticar, por parte de los profesionales, y también de no delegar la responsabilidad de algunas de las cosas que nos suceden.

La información es imprescindible para esto: infórmate, pregunta, contrasta opiniones. Es la mejor manera de conseguir el mejor enfoque y la solución para aquello que nos sucede y no nos deja ser felices. 

Te dejo el enlace al artículo completo y también a un post anterior en el que reflexionaba sobre algunos aspectos del diagnóstico psiquiátrico.

“Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales”

“Los diagnósticos: ese arma de doble filo”

Un último apunte: te diré que esto no solo ocurre con las enfermedades mentales. Los niveles de colesterol se consideraban altos si estaban por encima de 240 mg/dl. Ahora se pretende que se consideren altos por encima de ¡200 mg/dl! Con ese nuevo criterio el 80-90% de las personas de más de 40 años serán (seremos) susceptibles de tratamiento…

Si te ha gustado este artículo y crees que puede servir a otras personas por favor no dejes de difundirlo en tu red social.

Un abrazo y ¡Feliz miércoles!

Si te gustan los post de Mente en Positivo, déjame tu email y te enviaré resúmenes de las publicaciones. Nada de spam, solo cosas que te sirvan (y los dos regalos de bienvenida). Apuntarme a la lista.

8 comentarios
    • Gracias Luis por tu feedback. Me alegro de que te haya gustado. Un saludo

  1. Muy cierto, mal uso del DSM y aparte satanizar conductas. Excelente análisis

    • Gracias Jahzeel por tu feedback. Te mando un saludo muy afectuoso a Venezuela.

  2. Muy interesante el estudio que hace Iñaki de los añadidos o revisiones a este tratado DSM.

  3. Gracias Iñaki, como siempre, tus artículos muy interesantes y sí, creo que exageramos en siempre querer etiquetar el padecimiento con un nombre, cuando quizás solo hay síntomas que en sí, no indican padecimiento o enfermedad alguna. Queremos un nombre de la enfermedad, para curarla con el nombre de una medicina.

    • Hola Marisa. Así es. Y sufrimos tanto la presión de nuestra propia incertidumbre, como la del paciente y su familia que de alguna manera siempre nos reclaman un “diagnóstico”. Pero como vemos tenemos que ser muy prudentes a la hora de etiquetar…
      Gracias por comentar Marisa, un fuerte abrazo y feliz día!

Deja un comentario

Consigue tu libro

BAILANDO CON LA REALIDAD: Historias sorprendentes que te emocionarán.

 

ySinEmbargoTeQuiero: Claves para que consigas la mejor vida en pareja.

¡Nuevo ebook!