Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

EL PRIMER Y EL ÚLTIMO BOCADO: LA VIDA EN UN PLATO DE LENTEJAS.

Dibujo original de Laura (Pigmalio Illustration)

Me acerco la cuchara y antes de metérmela en la boca ya estoy disfrutando del aroma y el calor de las lentejas. ¡Qué hambre tengo! No puedo esperar más. Un instante después disfruto de la primera cucharada que explota en mi boca como una mezcla deliciosa de sabores.

Buenísimas, pienso. Todo un placer. Y sigo comiendo.

Pongo la televisión y buceo un rato entre sus canales sin prestar atención a ninguno en concreto. Una noticia sobre los precios del petróleo llama mi atención. ¿Bajará el precio de la gasolina?

Trasteo con el móvil, miro un momento el whatsaap. Del petróleo hemos pasado al pronóstico del tiempo. El presentador gesticula abrazándose el cuerpo. Eso es que va a hacer frío. Ya tocaba: para estar en enero hemos tenido un tiempo bastante bueno.

Mis pensamientos planean sobre tareas que tengo en hacer esta tarde. Saltan de una a otra mientras sigo comiendo. Y de pronto soy consciente. Consciente de que solo me queda una cucharada para acabar el plato.

Lo inclino ligeramente, recojo todas las lentejas y el caldo que puedo y las paladeo de nuevo. ¡Ummmmm! Pero qué buenas están estas lentejas. Y así, casi sin darme cuenta, se han terminado.

Y entonces pienso que he disfrutado muy poco de mi comida. La primera cucharada sí. Es la novedad. Plena de nuevo sabor, colores, olores, textura. Estimula mis sentidos casi sin esfuerzo.

Y cuando voy a terminar soy consciente de que se acaban, de que quizá pase un tiempo hasta que pueda volver a comer algo tan rico, y fijo de nuevo mi atención. Como por arte de magia los sabores destellan de nuevo en mi paladar.

Pero ¿qué ha pasado en el medio? Entre esa primera cucharada novedosa y estimulante y la última antes de la despedida. Hago memoria. Sí, ha sido un rato agradable, algo mecánico quizá, pero me he fijado a ratos al morder algún trozo de zanahoria o de patata, a la vez que mis pensamientos vagaban en otras cosas. 

Entonces pienso. Si ese plato lo hubiera preparado Ferrán Adriá, un plato hecho especialmente para mí, con los ingredientes más exclusivos y por el que hubiera pagado mil euros, ¿qué hubiera pasado?

Al meter en mi boca todas y cada una de las cucharadas hubiera puesto mi máxima atención en ellas. Aguzando mis sentidos, extrayendo el mayor placer posible al hecho de comerlas.

Fijándome en su textura, la forma en que se deshacen las lentejas bajo la presión de los dientes y la lengua, en cómo varía la temperatura a lo largo del tiempo y observando en qué forma lo hace también su sabor.

Hubiera extraído el máximo de esa experiencia. 

Y entonces soy consciente de que disfrutamos siempre más el primer y el último bocado. Como lo hacemos con el primer beso, y quizá el último, el primer aliento, el último abrazo.

Y que muchas veces surcamos el camino intermedio de una manera automática, sin darnos cuenta de que eso que está ahí una vez no estuvo y que por seguro, en algún momento desaparecerá.

Y entonces pienso en mi plato de lentejas, en lo que me he perdido por no prestarle atención. Y soy consiente de que yo y solo yo puedo dar el valor a todas y cada una de las cosas que tengo, las cosas que me rodean.

Solo yo puedo hacer que los bocados sean a la vez el primero y el último. Que todos los besos sean el primero y el último. Todas las caricias, las reuniones de amigos, las cenas, los abrazos. 

Cojo el móvil y le digo a mi novia que la quiero y que la echo de menos. Me ducho y siento el calor del agua por todo el cuerpo. Miro por la ventana. Hay colores distintos que antes ya estaban.

Y sonrío.

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6 comentarios
  1. Saludos nuevamente Iñaki, me encanta leer tus publicaciones.
    En el área que me encuentro laborando, precisamente el tema es la comida y de aquí partimos como ejemplo para crear consciencia en la persona. Haciendo parte de nosotros la consciencia viene acompañada de la paciencia y esta nos ayuda a ver y disfrutar de los pequeños detalles.
    Como seres humanos, en algún momento disfrutamos de algún alimento, es como hablar en el mismo idioma.
    Saludos 🙂

    • Hola Patricia, muchas gracias por tu comentario (y tus palabras de ánimo) y por compartir con todos tu experiencia en este campo. Te felicito por tu trabajo y disposición, que solo puede traer cosas buenas… Un saludo afectuoso!

  2. Una vez mas, muy interesante el post. De manera similar al plato de lentejas, hacemos con nuestra semana laboral. Llega el lunes y estamos pensando ya en cuando llegara el viernes, desperdiciando así dos tercios largos de nuestra vida. En nosotros esta aprovechar lo máximo posible este regalo que es la vida
    Gracias, una vez mas, Iñaki por intentar hacer que nuestra vida sea mas placentera

    • Un placer para mí, David. Como siempre gracias por comentar, y ahora… ¡a exprimir al máximo la semana! Un fuerte abrazo

  3. Hola Iñaki.
    Me ha encantado esta entrada. En realidad me gustan todas, pero cuando se habla de la atención plena caigo en la cuenta de que necesito estas lecturas de vez en cuando para tomar consciencia sobre el valor infinito de la experiencia; como la de saborear cara cucharada de lentejas.

    Un abrazo y gracias por tu espléndido trabajo.

    • Gracias a ti Jesús por tu comentario, que me anima a seguir aportando. Escribiré seguro más cosas sobre mindfulness y atención plena, una herramienta tan potente y que llevamos con nosotros en todo momento sin muchas veces darnos cuenta!
      Un fuerte abrazo

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