Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

EL RITMO: UN INGREDIENTE SECRETO PARA LA TERAPIA

Terapia baile

La terapia, como el baile, es cosa de dos: aunque uno guíe, debe llevarse el mismo ritmo.

¡Hola! ¿Cómo te ha ido la semana? Espero que muy bien. Aunque ya es viernes escribí esta entrada ayer en un hueco que tenía entre paciente y paciente.

El caso es que un chico me canceló la consulta con una excusa en el último momento. Estas cosas pasan a veces y la verdad es que dan un poco de rabia: te descolocan la agenda y tienes de pronto un hueco libre que es difícil de llenar. Y además, tienes la sensación de que si realmente hubiera querido, lo hubiera podido organizar para llegar a la terapia sin más problemas.

A veces esto sucede porque la persona no tiene una necesidad real de terapia: no siente un deseo íntimo de cambio o mejora, o viene “presionado” por otra persona (su pareja o un familiar). En estos casos uno se puede plantear aplazar la terapia para cuando de verdad sienta que lo necesita, en vez de tratar de convencerle de venir una y otra vez sin que en el fondo, quiera hacerlo. Y eso está bien y a la larga, es mucho más terapéutico.

Pero hay otros casos en las que una persona falla por un motivo diferente. Y este es uno de esos casos.

A veces las personas presentamos resistencias al cambio, nos cuesta encarar aspectos difíciles de nuestra vida aunque seamos conscientes de que es necesario hacerlo. Y entonces nos resistimos y peleamos para retrasar ese dolor, ese mal trago, y lo hacemos de manera consciente o, en ocasiones, inconsciente.

Juan, el chico que tenía que venir ha descubierto que su mujer tiene una aventura. Eso ha supuesto una enorme crisis a nivel personal y de pareja. Ella, tras negarlo inicialmente lo ha reconocido, y después de varias semanas muy malas entre los dos, han decidido intentar seguir juntos.

Pero para Juan no está siendo nada fácil y ha decidido pedir ayuda. Tras mirar en internet, se decidió a escribirme un correo en el que me ponía al corriente de la situación y acordamos una entrevista online.

Cuando hablamos por primera vez me relató todo lo que había pasado y al hacerlo empezó a darse cuenta de algo que sabía pero que no quería saber. Que su mujer había dejado de quererle. Que las cosas ya no funcionaban y que él no iba a ser capaz de superar la infidelidad.

La pareja estaba herida de muerte. Lo sabía, muy dentro de él, pero no lo quería o no lo podía saber, al menos no ahora, en este momento. Y yo, ahí enfrente, que le escuchaba y hacía preguntas, era el medio por el que iba ha hacerse consciente de todo esto con el dolor que iba a suponer, después de tantos años de matrimonio.

Así que por eso Juan no ha querido conectarse a última hora, necesita un poco más de tiempo para enfrentarse a lo que ya sabe, pero que no se ve ahora capaz. Por eso no me enfada que me cancele la cita porque me está diciendo:

“Iñaki por favor, necesito un poco más de tiempo para prepararme a enfrentarme a la situación, ahora no tengo fuerzas suficientes…”.

Y lo entiendo porque es humano y comprensible. Y yo le digo “Juan, no te preocupes, que a todo el mundo nos puede surgir un inconveniente, lo dejamos para la próxima semana, ¿ok?”. Y él sabe que le estoy diciendo, “tranquilo, a tu ritmo, iremos viendo todo según vayas siendo capaz de hacerlo”.

Los profesionales debemos respetar siempre el ritmo de curación o mejoría de las personas a las que ayudamos. Cada uno tiene el suyo y debemos adaptarnos a él para no precipitarnos.

No damos tirones ni frenamos. Nos ponemos a su lado y le animamos a que empiece a andar. A su ritmo. Y le vamos guiando por el camino cogiéndole de la mano. A veces le decimos que avance un poco más rápido, y a veces que no tenga tanta prisa, que las cosas llevan su tiempo, e incluso a veces nos podemos detener un rato a coger aire, contemplar el paisaje y darnos la vuelta y felicitarnos por todo el camino que ya hemos superado.

Creo que saber encontrar el ritmo de cada persona es una habilidad imprescindible para todo terapeuta. Pero no es algo innato ni mágico. Requiere práctica, acertar a veces, equivocarse, aprender de los errores y como todo, cariño y deseo sincero de ayudar a los demás. 

Bueno, no esperaba hablarte hoy de este tema pero me he puesto a escribir y ha salido esta reflexión acerca de Juan, que espero te haya gustado.

Lo cierto es que quería hablarte de María, una chica a la que hice hipnosis para quitarle una fobia a las alturas y ocurrió algo muy curioso, y que compartiré contigo en uno de los post la semana que viene.

Así que hasta entonces te mando un saludo muy afectuoso feliz fin de semana y ¡nos vemos el domingo en la Newsletter!

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