Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

EN EL REINO DE LA FANTASÍA

fantasia_y_amorMe surge la idea de este post a raíz de la pregunta de ayer de Lidia acerca de los pensamientos obsesivos (ver aquí). Comentaba que solía “rumiar” situaciones idílicas de una relación pasada, fantaseando que aún estaban juntos, sintiéndolo así más cercano. Y casi sin querer me ha venido a la memoria la historia de Julia.

Cuando conocí a Julia, hace ya algunos años, me planteó que tenía dificultades con las relaciones de pareja y quería que le ayudara a entender qué le sucedía.

Aunque lo deseaba muchísimo, no encontraba a la persona adecuada. Julia era un mujer lista, guapa con una buena formación y un trabajo que, aunque no era lo que más le gustaba del mundo, la satisfacía y le daba dinero para mantener su ritmo de vida y aficiones.

La dinámica siempre era la misma: conocía a un chico, se ilusionaba y pasaba unos meses flotando en una nube. Pero pronto, las cosas empezaban a cambiar. Pasado el subidón inicial empezaba a percibir cosas que no le gustaban tanto, y todos y cada uno de los chicos acababan por decepcionarla. Se veía incapaz de continuar con ellos. Definitivamente no era lo que esperaba, y acababa rompiendo con tristeza sincera, porque a pesar de todo, deseaba de corazón que ese último chico fuera el definitivo.

No había nada de malo en Julia, ni tampoco en los chicos con los que salía. Ella se enamoraba sinceramente, ponía pasión, empeño en que las cosas salieran. Era cariñosa y atenta. Pero invariablemente surgían aquellas “pegas” que acababan truncándolo todo.

Los motivos por los que rompía a veces me parecían menores, vagos o ambiguos, pero para ella eran motivo suficiente para terminar la relación. Iñaki, me decía, no es lo que espero. Y ese día le pregunté: Julia, ¿y qué es lo que esperas?

Eso lo tengo muy claro porque lo he repetido en mi mente muchísimas veces, me dijo. Cierro los ojos y me veo con esa pareja en la que todo es pasión, complicidad. No hay momentos de silencio y si los hay es porque no hace falta decirnos nada. Lo sabemos todo del otro. Nos queremos, nos complementamos y yo me siento segura y feliz todo el rato. No existe el aburrimiento ni las dudas.

Cuando cierro los ojos veo todo esto con tanta claridad… Te confieso que disfruto con esa imagen y muchas veces la provoco. Añado situaciones de mis otras relaciones pasadas, pero solo los momentos buenos, para retenerlos, y lo sumo a mi imagen de relación ideal. Aquella que deseo y que quiero tener. Si lo imaginas, dicen, es más fácil que se haga realidad, ¿no es cierto?

Y cuando salgo con mis parejas y veo que a veces no estoy contenta o no me apetece tanto verle, o se queda callado porque no sabe qué decir, o nos aburrimos una tarde, me doy cuenta de que no es eso lo que quiero, y para mí es imposible seguir adelante.

Julia, le dije:

Las fantasías son útiles. Nos ayudan a suplir deseos insatisfechos, a darnos ánimos para seguir adelante, a tener una imagen bella que nos haga pelear por lo que queremos. Claro que son necesarias y nos ayudan a conseguir las cosas. ¡Pero la tuya es un monstruo que no hace más que lastrarte! ¿Cómo es posible que alguna relación en el mundo se parezca a esa que tienes en tu mente? ¡Es imposible! Todas las relaciones “reales” tienen subidas y bajadas, dudas, enfados, aburrimiento… El que diga lo contrario está mintiendo.

Si el patrón con el que comparas a tus parejas es esa fantasía de tu cabeza, ¡nadie podrá estar nunca a la altura! Todos te decepcionan porque no existe nadie que pueda darte una relación así, ni siquiera tú misma. 

Julia se quedó pensativa. No decía nada. Continué:

Hay algo más que creo intuir en todo esto Julia. Tu fantasía no te está sirviendo para conseguir lo que quieres, sino que te refugias en ella. La usas como sustituto de las relaciones maduras. Te escondes de bajar al mundo real y pelear con los problemas que plantea y que todas las relaciones tienen.

Mis palabras parecían llegarle profundamente porque fijaba la mirada en un punto indeterminado y asentía lentamente con la cabeza.

Es verdad. Me dijo. Es verdad. Cuando veo problemas en mis relaciones me evado a mi fantasía de relación ideal. Pero, ¿por qué no puede ser? ¿por qué no puedo tener eso?… Se lamentaba. 

No lo puedes tener, porque no existe, le dije. Salvo en tu imaginación. Y si sigues morando en ella y alimentando esa fantasía con esos momentos idílicos de anteriores novios, que probablemente ni siquiera sucedieron así, no podrás avanzar nunca.

Pero es tan fácil. Solo tengo que cerrar los ojos… Se echó a llorar. ¿Por qué me pasa esto?

Por lo que nos pasa a todos los que huimos de algo y nos refugiamos en el alcohol, la violencia, el juego o la fantasía. Porque tenemos miedo. Y tú tienes miedo de tener una relación de pareja madura. Julia, empecemos a trabajar por ahí.

Había más cosas que tenían que ver con modelos identificativos de sus padres, eventos biográficos que la habían marcado y que pudo expresar y trabajar. Pero también tuvo que hacer el esfuerzo en el ahora, dejando de alimentar “voluntariamente” aquellas fantasías que ahora veía con claridad que no le ayudaban. Y también a identificar y tolerar aquellos momentos incómodos que se dan en todas las relaciones una vez que se pasa el enamoramiento y comenzamos a des-idealizar al otro.

Finalmente Julia empezó a salir con un chico, educado y cariñoso, que la divertía y la hacía reír, pero no todo el rato. Del que a veces se sentía unida para siempre y en otras ocasiones le asaltaban las dudas. Pero entendió que era parte del proceso y de las relaciones maduras y eso le ayudó a seguir, y también a ser feliz, aquí abajo, en el mundo real.

Aún me cuenta que se refugia en la fantasía en ocasiones, pero ahora sabe que no son el reflejo de la realidad y sonríe cómplice cuando se deja llevar demasiado y se obliga a poner los pies en la tierra. Así que ahora, que fantasea con un nuevo y mejor trabajo, no se queda ahí lamentándose del que tiene, soñando con el que podría tener, sino que después de un rato, se pone a mandar currículum.

Julia, ¡eso sí que es usar bien la fantasía!

Bueno, espero que te haya gustado la historia de Julia (no es su nombre real). Si es así no dudes en compartirla. Escribí una historia con un trasfondo parecido de una chica con una depresión que tuvo que luchar con otra fantasía que no le dejaba avanzar. Puedes leerla en “Bailando con la Realidad: Historias de Personas que te Emocionarán”, en la sección de Libros o en Amazon. A ver si te gusta.

Y nada más por hoy. ¡Te deseo un feliz viernes y un estupendo fin de semana!

3 comentarios
  1. Muy Bueno! Ayuda! Gracias!*

  2. me gusto mucho tu análisis de caso, además de esta idealización, la intolerancia en las relaciones actuales no permiten que los matrimonios o parejas duren, cambiando constantemente de relaciones no permitiendo madurar la persona para llegar a veces a un final triste.

  3. Hola Carmen. Así es. Quizá estamos inmersos en una cultura con menor tolerancia al malestar, que hace que en ocasiones no dejemos tiempo a madurar a las relaciones.
    Gracias por tu comentario y feliz semana!

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