Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

¡HUYE DE LAS TERAPIAS ETERNAS!

Camino terapiaAyer fue mi última consulta con Sandra y Alejandro. Siempre tengo una sensación agridulce cuando voy a dejar de ver alguien que he acompañado en terapia y termina nuestro camino juntos.

Invariablemente se crea un vínculo afectivo y sientes la pena de algo que se acaba, pero por otro lado la satisfacción de haber servido a esas personas en un momento en la que necesitaban ayuda y ahora puedes dar un paso a un lado para que continúen sin ti. 

Aunque se nos olvida con frecuencia, en nuestra profesión de terapeutas está implícita la temporalidad de la relación: estamos ahí para “durante un tiempo”, guiar, apoyar, desvelar, mover emociones, afectos… A menudo un intenso trabajo emocional que lleva al autodescubrimiento y al cambio.

Pero debemos tener presentes que al final nuestra misión es que esa persona siga su camino sin nosotros. Y eso se consigue ayudándole a desarrollar las herramientas necesarias para que sea capaz de resolver las nuevas dificultades que vaya encontrando por sí mismo.

Esto no quiere decir que no tengamos relación con nuestros antiguos pacientes, al contrario. Yo mantengo contacto frecuente con muchos de ellos, un contacto muy cariñoso y gratificante, pero no necesario para su bienestar.

La primera reacción que tengo cuando alguien que he tenido en terapia me llama para retomar las consultas es: “¡No me des la lata, que estoy muy liado. Trata de resolverlo tú y si no puedes ya me llamas más adelante!”.

Lo digo un poco a modo de broma, pero mi mensaje es: “confío en ti. En tus posibilidades de poder resolver este pequeño bache que ha reaparecido en tu vida. Usa tus recursos, yo sé que los tienes porque los trabajamos juntos aquí hace tiempo. Lo harás bien, y si al final necesitas mi apoyo, claro que aquí estoy para echarte una mano“.

Pienso que esta es la actitud a mantener por cualquier terapeuta. Saber salir cuando la persona ya puede caminar sola y animarle siempre a que use sus propios recursos si reaparecen las dificultades.

En caso contrario corremos el riesgo de convertirnos en “imprescindibles” para la vida de alguien, y aunque un acompañamiento terapéutico puede durar más o menos tiempo, el objetivo final debe ser siempre la total autonomía de la persona.

Hay procesos terapéuticos de autodescubrimiento que pueden durar mucho tiempo, y está bien. Pero en general cuando una persona nos consulta suele ser por un problema concreto, algo que le sucede, una dificultad que no le deja ser feliz y desarrollar su máximo potencial. 

Ansiedad, problemas en su relación, ánimo triste, baja autoestima, quizá obsesiones o problemas con la comida o adicciones… Algo concreto en lo que enfocarnos y hacer los cambios necesarios para mejorar y seguir adelante. 

Cada profesional (como he comentado en otros post) tiene su escuela, sus técnicas, su caja de herramientas. Pero si pasado un tiempo no vemos cambios, las consultas se eternizan, hablamos siempre de lo mismo, las cosas no avanzan, quizá sea el momento de pensar en cambiar.

Huye de las terapias eternas en las que las cosas no cambian porque “no te esfuerzas demasiado”, huye de las terapias en la que el terapeuta se convierte en imprescindible, huye de las terapias en las que se habla y tratan las mismas cosas una y otra vez.

¿Te sientes bien cuando sales de tu terapia? ¿Notas que las cosas avanzan, aunque no sea fácil? ¿Percibes los cambios? ¿El camino por donde transitar? ¿Te sientes bien atendido, recogido, comprendido, acompañado? Si es así, con toda seguridad estás en un buen lugar.

Y si pasado un tiempo tu terapeuta te dice que demores la siguiente cita un poco más de lo normal, y tú sientes un poco de vértigo, no te preocupes, eso está bien. Significa que te terapeuta confía en ti, que vas por buen camino, y aunque le da pena, que se la da, ya te lo digo yo, sabe dar un paso al lado para animarte a que continúes tu propio camino.

Y el caso es que hoy viernes 19 de diciembre quería yo hablarte sobre Sandra y Alejandro, a los que di el “alta” ayer después de unos pocos meses de tratamiento. Y contarte el motivo por el que acudieron y lo que pasó para que en muy poco tiempo su situación mejorara.

Pero me he puesto a escribir y me ha venido esa mezcla de tristeza y alegría que no puedo evitar cuando se termina una terapia y me he despistado un poco. Así que lo dejo aquí y la semana que viene te contaré su historia, que trata sobre un hijo que estaba dando algunos problemas, y lo que hicieron para mejorar su situación…

(Nota: ya puedes leer su historia haciendo click aquí).

Te mando un abrazo, feliz fin de semana y ¡nos vemos el domingo en la newsletter!

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