Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE TU VIDA

InfanciaHace tiempo que tengo este post en la cabeza. Supongo que estaba tomando forma y no sabía cómo empezar, cómo llamarlo. De repente, casi de la nada, ahí aparece el título: “La Historia más importante de tu vida”. Y dices “claro, eses es, no podía ser de otra manera”. Las ideas encajan y ya me puedo poner a escribir…

Sí, porque el post de hoy va de historias, pero no de una historia cualquiera, sino de la más importante de todas: la tuya.

Ya sabes que me gusta recurrir a cuentos y relatos y hoy, para transmitirte lo que pienso, te traigo dos muy cortitos. Mira.

María: “Soy María. Tengo 42 años. Soy hija única. Mis padres se separaron cuando tenía 5. Una separación traumática. Ni demasiado pequeña como para no enterarte de las cosas y ni demasiado mayor como para llevarlo mejor.

Mis padres se pelearon durante mucho tiempo después de separarse, y yo me veía con frecuencia en medio de las discusiones. Se criticaban duramente a través de mí. Yo me veía atrapada entre las dos lealtades y me sentía muy triste.

Si hubiera tenido hermanos seguro que las cosas hubieran sido más fáciles, poder compartir todo aquello.

Como consecuencia de la separación me convertí en una niña tímida. Me costó hacer amigos en el colegio. Recuerdo innumerables veces estar sola en el patio observando los grupos de chicos y chicas sin atreverme a acercarme.

Mi madre empezó una relación. Su nueva pareja era un hombre serio, frío y distante. Nunca se esforzó en hacer un vínculo de afecto conmigo. Cuando estaba a solas con él me sentía sola e incluso me daba un poco de miedo.

Solo las visitas a mi abuela materna parecían alegrar aquellos días de infancia que transcurrían largos, tediosos e interminables en un permanente estado de soledad interior.

Esa separación prematura de mis padres y el poco afecto recibido, creo que han sido claves en mi desarrollo como persona y en mis dificultades para las relaciones. Sí, ahora tengo pareja pero siempre percibo ese temor infantil que tira de mí, que me dice que las cosas se pueden acabar en cualquier momento”.

José: “Me llamo José. Tengo 42 años. No he tenido una vida fácil. Padres separados cuando era niño, dificultades en los estudios, problemas con los otros chicos… En fin. Situaciones que nadie quiere cuando es un niño pero que uno no elige, y no te queda más remedio que pasar por ellas.

Me sentía solo en muchas ocasiones pero tenía un buen amigo, Luca. Su madre era italiana, disfrutábamos mucho juntos. Venía a veces a mi casa y yo iba a la suya. Aquellas tardes eran las más felices, compartiendo juegos y risas con él.

Mi infancia transcurría así, supongo que como todas, con sus momentos buenos y malos, pero para mí siempre existía un punto de soledad que no acababa de quitarme. Como si estuviera dos pasos alejado del mundo.

Y entonces llegó aquel verano de la hepatitis. Tenía 9 años. Un alimento contaminado, dijeron los médicos. El caso es que cogí una hepatitis A y no me quedó más remedio que ingresar durante unos días en el hospital. Era lo que me faltaba pensé. Pero aquella supuesta “desgracia” (la hepatitis era leve y no había que preocuparse demasiado) acabó cambiando la visión que tenía de mi vida.

Luca entró por la puerta con una bandeja llena de comida italiana que le había hecho su madre, y jugamos a comer trozos de un pastel sin que lo descubrieran las enfermeras. Uno de los chicos de clase me trajo una carta firmada por todos los niños en los que me deseaban que me mejorara.

Estuvieron mi padre y mi madre juntos y por una vez no se pelearon. Vino mi abuelo que siempre me apoyó en todo aunque apenas podía caminar el pobre, e incluso la pareja de mi madre, un hombre serio pero muy educado y tuvo gestos de afecto conmigo.

Todo aquel cariño, todas esas personas que me querían y que estaban cerca de mí hicieron que yo luchara al máximo para recuperarme. Y mi deseo y esfuerzo se transformaba en realidad y cada día tenía más fuerzas.

Era seguramente la evolución natural de la enfermedad pero yo sentía dentro de mí que era mi férrea voluntad la que la estaba venciendo, y que si era capaz de ganar aquella batalla, las podría ganar todas.

Aquella enfermedad, aquellos días en el hospital me enseñaron muchas cosas que han sido valiosas en mi vida y que han hecho de mí la persona que soy. Mi fuerza, mi carácter, saber que aunque muchas veces lo parezca no estás solo y que hay muchas cosas buenas a tu alrededor, que no siempre somos capaces de ver.

Y aunque claro, como todo el mundo, tengo mis problemas, sé que soy capaz de luchar y de superarlos”.

Te habrás dado cuenta de que María y José comparten algunas características de su historia. Padres divorciados cuando eran niños, una pareja nueva de la madre algo fría y distante, unos abuelos cariñosos, y aunque no lo he dicho, José también es hijo único.

Te diré más cosas que comparten: lo comparten todo porque son la misma persona.

Sí, son el mismo, aunque yo les he cambiado el nombre y el sexo. Es María José o José María, como prefieras. Que ahora tiene 42 años y ha vivido todos esos sucesos en la infancia. Entonces ¿cómo puede ser tan diferente? ¿Cómo se pueden relatar dos infancias tan distintas de la misma persona y con resultados tan dispares?

Es muy fácil. Porque tu infancia es como tú elijas contarla.

Cómo cuentes tu historia, cómo te la cuentas a ti mismo, es muy importante para tu vida.

Al final todos hemos tenido cosas buena y malas en tantos años. Dónde pones el acento, a qué cosas, personas, eventos o situaciones le vas a dar valor. A aquello a lo que se lo des crecerá, y te dará poder, te hará más fuerte, más feliz, o por el contrario también podrá hacerte más débil y desgraciado.

Así que esto no es algo intrascendente. Piensa por un momento ¿cómo me estoy contando mi propia historia? A veces no somos conscientes de que lo hacemos, pero nuestra voz está ahí. 

Si ves que el filtro por el que la miras no te da fuerza, te hace mejor, entonces “elige” contarla de otra manera. Los hechos son los mismos pero tú puedes darles más valor a unos o a otros. No dejes que los momentos duros, la tristeza y desgracias tomen el protagonismo y oscurezcan las cosas bellas y positivas que también pasaron, e incluso que surgieron de lo negativo.

Tú creas tu historia, tú la interpretas, la haces realidad.

Las cosas son como son, no se pueden cambiar, pero podemos extraer enseñanzas muy distintas de los mismos sucesos. Siéntete orgulloso de tu historia, ensálzala, dale poder, hazla memorable y apóyate en ella para salir adelante. 

¿Acaso no es la historia más importante de tu vida?


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8 comentarios
  1. Muchas gracias Iñaki por mostrar un ejemplo tan representativo de cómo una misma persona puede ver su experiencia de diferentes perspectivas. Ya que podemos elegir aquella que nos deje un mayor aprendizaje, para afrontar las adversidades del momento presente.

    • Así lo creo! Gracias Rafael por tu aportación. Un saludo afectuoso

  2. Una gran aportación! Gracias!

  3. Hola Iñaki, Su aportación es muy valiosa, me gustó mucho. Y puedo comentar que la vida está llena de obstáculos que debemos superar a cada instante y siempre recordar lo positivo que hemos enfrentado para lograr una superación y la felicidad.

    • Gracias Manuel por tu comentario, con el que estoy completamente de acuerdo. Un fuerte abrazo

  4. Hola Iñaki,
    Yo lo q pienso es q esta bien no olvidar lo bueno q ha ocurrido en tu vida, pero también hay q ser consciente de las heridas emocionales creadas en la niñez, para poder superarlas.
    Un saludo.

    • Hola Tete, muchas gracias por tu comentario. Tienes razón, no se trata de olvidar sino de hacer que esas experiencias puedan ser fuente de crecimiento personal y no de lastre. Un fuerte abrazo y feliz semana!

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