Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

Las 10 Cosas de Desarrollo Personal que te Enseñará tu Albañil.

desarrollo personal terapia online¡Buenos días! Hoy te escribo de nuevo desde Luxemburgo, donde hace una de esas semanas fantásticas en las que la ciudad brilla como en ninguna otra época del año.

Hay un sol espléndido, los días son larguísimos (hasta bien entrada las 10 de la noche), y todo el agua acumulada de los días de lluvia hace que la primavera explote con un verde intenso.

Pero no todo es bueno. Como ya te comentaba en el post del pasado viernes, tengo una obra justo en el edificio de al lado. Todas las mañanas a las siete y media encienden las taladradoras y se ponen a trabajar. Desde ese mismo momento los tapones de cera para los oídos se convierten en mis mejores a amigos y es la única manera de mantener una mañana productiva sin demasiadas molestias.

De tanto en tanto, echo una mirada desde la ventana y observo a los obreros trabajar. 

Es increíble. Están rehaciendo entero un edificio que antes era un cuartel de la policía. Lo han vaciado por dentro y parece que van a construir un bloque de oficinas y plazas de garaje, pero respetando la fachada en su totalidad.

Una obra bastante importante que requiere de una gran planificación y, a mi modo de ver, de un equipo enorme de personas cualificadas para llevarla a cabo.

Pero cada vez que miro por la ventana solo veo a cinco personas. ¡Cinco!  

Sí, cinco trabajadores con dos máquinas excavadoras multiusos. De vez en cuando aparece un camión que se lleva parte de la tierra que extraen, o las vigas, restos de tabiques, paredes, y otros materiales del derribo. Pero aparte de eso lo hacen todo prácticamente esas cinco personas.

Recuerdo cuando empezaron. Trajeron los tubos para instalar un andamio frente a la fachada. Colocaron uno a uno los elementos, fijándolos con cuidado. Una vez que lo tuvieron, uno de los trabajadores se subió e hizo un primer agujero. Colocaron entonces una de las barras metálicas que sustentarían la fachada de ahí en adelante. Luego colocaron otra, y luego otra. Así hasta dejarla bien asegurada. 

Días después empezaron el derribo del edificio. Fueron a un lado y con ayuda de una de las máquinas, rompieron un pequeño trozo. Recogieron los deshechos para retirarlos. Consultaron el plano. Se dirigieron a otro punto. Otro trozo de edificio que caía con seguridad. Lo retiraron también. Acabó la jornada.

Al día siguiente a la siete y media de nuevo se juntaron los cinco. 

Desde mi ventana veía como iban reduciendo el tamaño de ese edificio casi mágicamente. Lo que parecía una obra mastodóntica, casi imposible para tan poca gente, se iba haciendo realidad delante de mis ojos, apenas sin darme cuenta.

Tenía que esforzarme en recordar cómo estaba el edificio hacía tan solo dos meses para ser consciente de todo lo que habían avanzado.

Sí, porque había días en los que parecía que no habían hecho nada. Y si me lo parecía a mí desde la comodidad de mi ventana, ¿cómo sería para ellos allí abajo?

Pero eso no parecía importarles. Miraban su plano todas las mañanas y se dirigían justo al siguiente paso que tenían que dar. A veces se observaba un avance espectacular, como aquel día en la que tiraron una pared entera. Pero otros días se los pasaban picando una única piedra durante horas, tan solo para poder sacarla al día siguiente.

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¡Vista desde mi ventana!

Recogen una piedra y la ponen allí. Claro, así puede pasar la excavadora. Esta retira la tierra que molestaba y la coloca justo enfrente, para que la otra excavadora pueda subirse sobre ella y alcance a retirar aquellas vigas. ¡Listo! Cuando ha terminado se baja y recoge toda la tierra para que se la lleve el camión…

Y así poco a poco van avanzando en su proyecto. Si pensaran en todo lo que les falta (porque les falta muchísimo) yo creo que se sentirían completamente abrumados. Pero no, todos parecen concentrados en su tarea inmediata. Y cuando hace falta se reúnen alrededor de los planos para ver que todo sigue el orden establecido. 

Eso les da seguridad para saber que están en el camino correcto. Y así, vuelven a su puesto y continúan con su tarea, que en ese momento puede parecer poco importante (¿mover esta pequeña piedra aquí?) pero que es tan necesaria como derribar toda un pared.

Debo decir que a pesar del ruido y las molestias me tienen hipnotizado, y reconozco que me están enseñando muchas cosas. Cada vez que observo algo lo anoto y así voy recogiendo nuevos aprendizajes. ¿Cuáles?

Estos son algunos de ellos…

1- Toda obra, por faraónica que sea, comienza con un primer agujero en la fachada.

2- A veces se ven los resultados (tiras una pared), a veces no (mueves una piedra), pero todos los pasos son igual de importantes.

3- Quedamos a las siete y media, todos los días. Compromiso y constancia. 

4- No te olvides de mirar el plano, para saber dónde estás y qué es exactamente lo que tienes que hacer hoy.

5- Si piensas en lo que te queda, te puedes agobiar. Céntrate en la tarea inmediata.

6- A las doce haz un descanso para tomar un bocadillo.

7- Vuelve a consultar el plano con las tareas programadas.

8- No te olvides de mirar atrás de vez en cuando para ser consciente todo lo que has avanzado.

9- Programa tu descanso. A las cinco de la tarde se acaba la jornada. Déjalo todo y mañana sigues donde lo dejaste.

10- Ponte el casco. Vigila a tus compañeros. Canta (o silba) de vez en cuanto y haz bromas. Nada es tan importante como para no poderte reírte un poco de ello. 

Y de momento esto es lo que voy recogiendo. Como aún me quedan algunos meses por delante, seguro que podré seguir aprendiendo nuevas cosas. Y te las iré contando. 

Hasta entonces, te mando un fuerte abrazo y ¡feliz día!

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