Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

PILATES Y CASTILLOS DE ARENA. UNA METÁFORA SOBRE EL NO-HACER

CastillloArena-2Padezco de dolor de espalda desde hace muchos años, yo diría que casi desde que era adolescente. No sé si por ser alto, o haber hecho siempre mucho deporte, pero recuerdo un dolorcillo sordo en las lumbares acompañándome casi toda la vida.

De vez en cuando ese dolor se agudizaba por algún esfuerzo, una mala postura, o quizá conducir muchas horas. Entonces me pasaba unos días más fastidiado, tomando algún analgésico, y después todo volvía su estado habitual de leve molestia, a la que tratas de no hacer mucho caso.

Supongo que no describo nada ajeno a muchas personas que se verán reconocidas en estas palabras.

El caso es que hace unos 4 ó 5 años algo pasó. Sin un motivo claro una de esas reagudizaciones del dolor se fue prolongando más de lo habitual. Pasaban los días y no se terminaba de ir, a pesar de los analgésicos y mi cuidado constante evitando malas posturas y esfuerzos.

Pensaba que quizá era cuestión de esperar, pero llegó un momento en que el dolor estaba presente las 24 horas del día. No era tan importante como para impedir mi trabajo y actividades pero sí como para empezar a desesperarme: era lo último que sentía al acostarme y lo primero al levantarme.

Me empezó a cambiar el carácter. Estaba más irritable, saltaba por cosas a las que antes no daba importancia, estaba más triste.

Llegados a ese punto tomé conciencia de que algo estaba yendo mal y busqué ayuda: probé masajes, fisioterapia, natación, estiramientos, acupuntura, antiinflamatorios, relajación… Nada parecía servir.

Al final pensé que quizá habría algún problema susceptible de operar, una hernia o lesión en los discos o las vértebras lumbares. Tras hacerme una resonancia magnética me diagnosticaron de una ligera protrusión discal y una leve artrosis en las articulaciones a ese nivel. Nada que operar. Calmantes y rehabilitación. Vuelta al punto de partida. 

Alguien me habló del Pilates. Ya lo conocía de oídas y estando como estaba pensé: “no tengo nada que perder”. Así que me acerqué a una escuela cerca de mi casa y probé.

Me gustaron mucho los profesores. Te hacían sentir bien. Te recibían con una sonrisa, una palabra amable, y tenían ganas de ayudarte con lo que pudieran. Con eso, ya sentías la mitad del camino recorrido. Daba gusto ir a las clases.

Yo acudía con regularidad militar y me esforzaba en hacer los ejercicios al máximo de mi capacidad. Iba con dolor y salí con él, pero un poco menos. Pasados unas semanas noté cierta mejoría, pero muy poca. Quizá el Pilates no era tampoco la solución, o quizá no me estaba esforzando demasiado.

Así que seguí acudiendo y metiendo la tripa, estirando las piernas, flexionando el tronco, moviendo los brazos, con todo el ahínco del que era capaz. Y avanzaba sí, pero tan despacio…

Un día dando clase con Mónica, una de las profesoras, se me quedó observando un buen rato y me dijo.

Iñaki escucha. Te esfuerzas mucho, y eso está bien. Pero cuando digo que actives la parte posterior de la pierna quiero decir que le pongas un poco de energía, no que la contraigas como si te fuera la vida en ello porque… ¡la acabas bloqueando y el ejercicio no sirve!

Con cariño continuó:

No hace falta que te esfuerces tanto, deja que el cuerpo siga su ritmo. ¿Ves? Así. Haz los ejercicios lo mejor que puedas, sigue la técnica y déjate guiar, con eso es suficiente.

Y de pronto el Pilates pasó a ser otra cosa.

Noté que no me costaba tanto y en cambio… progresaba más. Mi empeño en el esfuerzo máximo, había resultado contraproducente. Ahora me daba cuenta. Eso no quiere decir que no me costaran los ejercicios, que no saliera agotado de las clases (Pilates puede ser realmente duro) y que no faltara a ninguna clase, pero escuchaba mi cuerpo, su ritmo, su dirección.

Y un día sin darme cuenta pensé: “¡Vaya! Durante la última hora no me he acordado de mi dolor de espalda”. Y supe que ese era el camino.

La semana pasada vi a Joaquín. Quería pedirme consejo acerca de una medicación para el ánimo. Tras hablar durante un rato me contó que llevaba muchos años en psicoterapia personal, para trabajar una serie de acontecimientos difíciles en su biografía. Y había obtenido grandes aprendizajes de este proceso.

Había realizado algunos años de psicoanálisis y también Gestalt, dos terapias que considero de una alta intensidad emocional, muy potentes.

Me dijo:

-Iñaki, cuando me empeño en algo quiero hacer lo mejor, sacar el máximo de provecho, de aprendizaje. No me importa el esfuerzo o la dificultad que conlleve. Sé que es para mi bien.

He aprendido mucho con estos años de terapia pero sé que aún puedo sacar más de mí, que si sigo escarbando en mi interior podré llegar a eses núcleo del que parte todo y poder deshacer el nudo que no me deja ser feliz del todo. Es cuestión de proponérselo…

Y cuando dijo esto no sé porqué yo pensé en mí, en el Pilates, en mi profesora Mónica…

-Joaquín, a veces no es cuestión de escarbar más y más, sino de ver qué hacemos con el montón de arena que se ha formado al pie del agujero.

Me miró un poco extrañado y entonces le conté la historia de mi dolor de espalda.

-Sin darnos cuenta a veces el esfuerzo puede ser contraproducente y bloquear la mejoría. A veces es mejor no-esforzarse o no-hacer, al menos no en esa dirección. ¿Te has dado cuenta de que si sigues escarbando puede llegar un momento en el que el agujero sea demasiado profundo?

Levanta la cabeza, mira alrededor. Mira ese estupendo montón de arena que has sacado con todo tu esfuerzo. Quizá sea el momento de construir algo con ella. ¿Qué te gustaría? ¿Qué es lo que deseas?

Se quedó un poco sorprendido y con mucha humildad me dijo.

-¿Te puedes creer que ahora que lo dices, no lo sé realmente?

-Entonces Joaquín, ya tenemos un punto de partida por el que empezar a movernos, en otra dirección.

-¿Y cómo lo haremos?

-Eso es fácil. Llamaremos a unos expertos en construcciones de arena. ¿Conoces alguno…?

Sonrió.

-Mis dos hijos. Se les da bastante bien jugar con arena.

-Ya tenemos a los profesionales –le dije-. Ahora solo nos hace falta una pala y unos cubos y ellos te enseñarán a crear el castillo que necesitas…

P.S. Mi espalda hace muchos meses que me da muy poco la lata, incluso he vuelto a correr un poco, con cuidado… Si vives en Madrid y quieres pasarte por mi escuela de Pilates me encantará saludarte. Allí están Mónica, Jorge, Santos… que te tratarán estupendamente (diles que vas de mi parte 🙂 ).

¡Ah! Y Joaquín, estoy deseando ver qué castillo estás construyendo junto a tu mujer y tus hijos. Seguro que se abren infinitas posibilidades…

Si te gustan los post de Mente en Positivo, puedes dejarme tu email y te enviaré resúmenes de las publicaciones. Nada de Spam, solo cosas que te sirvan (y los dos regalos de bienvenida que tengo ahora mismo). Apuntarme a la lista.

6 comentarios
  1. Fantástico! Gracias Iñaki, leerlo me ha hecho reflexionar. Últimamente estoy enfrascado en mi proyecto y tengo la sensación que siempre puedo hacer algo mas, aveces me ofusco con una idea concreta y eso me aparta incluso de mi objetivo general. Dejar un tiempo para dejar fluir las ideas y que maduraren de forma natural creo que va a ser la solución.
    Un abrazo y muchas gracias por estos maravillosos post.

    • Gracias a ti Miguel Angel! Y no te apures por eso que comentas: son fases que casi “obligatoriamente” todos los que tenemos un proyecto como el tuyo, tenemos que pasar. Aprovecho para recomendarlo porque puede ayudar a muchas personas que necesitan un Acompañamiento Terapéutico Vinculante
      Un fuerte abrazo!

  2. Iñaki,leo tu post feliz y agradecida!!!
    Feliz,por hacernos saber que te ayudamos a sentirte mejor; y doblemente agradecida: primero,porque por cosas así recuerdo por qué hago lo que hago y no un oficio más ” normal”;y segundo,porque me hace reflexionar sobre la importancia de lo que decimos y la repercusión que tiene en quien nos escucha.
    Cómo algo que apenas te lleva un momento verbalizar,se queda grabado para siempre en quien lo recibe.
    GRACIAS!!!!
    P.d. Te perdonamos dos repeticiones el próximo día.;)

    • Gracias a ti Mónica! Me alegro que te guste el post. Para que veas que además de quejarme y lamentarme en tus clases diciendo que son muy duras, también hago mucho caso a lo que me dices…
      Un beso y nos vemos el martes!
      P.D. Te tomo la palabra con eso de las dos repeticiones 😉

  3. El Pilates tiene un gran reconocimiento no sólo del cuerpo y la concentración a través de una respiración muy determinada, mueves el cuerpo inhalando por la nariz y exhalando por la boca. El ejercicio físico es mucho mas fuerte que otra filosofía que para mí tiene unos efectos superiores como es el Yoga.
    No solamente cambia la respiración, porque se inhala y se exhala por la nariz y está compuesta de una serie de asanas, relajación y meditación que te llevan mucho más hacia tu interior, los dolores de espalda que llevo padeciendo hace muchos años y a través del Hatha Yoga, conseguí no acordarme en la mayoría de las clases de ese dolor tan inaguantable, es más suave a nivel físico y de acuerdo con todos los años que llevo practicando, tiene una potencia mental que incrementa la capacidad de poder expulsar del cuerpo con cada exhalación los pensamiientos negativos además de los problemas del día a día.
    Es una filosofía de vida que trasladas a tu vida diaria permitiéndote relativizar las tensiones, saber expulsarlas con un gran ejercicio de concentración en el día a día, y existe una frase muy buena que he escuchado en mis clases muchas veces. En la vida, muchas veces, Menos es más.

    • Gracias Pilar por tu comentario! Coincido plenamente: muchas veces, menos es más…

Deja un comentario

Consigue tu libro

BAILANDO CON LA REALIDAD: Historias sorprendentes que te emocionarán.

 

ySinEmbargoTeQuiero: Claves para que consigas la mejor vida en pareja.

¡Nuevo ebook!