Psicoterapia Online | Dr. Iñaki Vázquez

NANZ EL MONGOL, O POR QUÉ LA TERAPIA ONLINE ES PARA TI. 

Iñaki Vazquez terapeuta online por el desierto del Gobi en camello¡Pánico! ¡Un virus horrible había infectado la Web de Mente en Positivo

Si te conectaste en los últimos días posiblemente lo habrás sufrido. Un mensaje de la “policía” surgía en mitad de la pantalla y te pedía 100 euros en un castellano espantoso.

Vale, es muy difícil que alguien picara en semejante estafa, pero la página quedaba prácticamente inutilizada y muchos de los lectores que todos los días llegan a visitarme por primera vez, posiblemente no volverían nunca.

Tardé en darme cuenta porque desde mi ordenador todo se veía bien, pero la web iba más lenta de lo habitual y desde linkedin algunos enlaces habían sido prohibidos: “Posible software malicioso”… 

Fue José Luis (gracias desde aquí) quién me envió la confirmación con una foto de su pantalla. “Iñaki, ¡sale esto en tu web!”.

Estaba claro. Había sido infectado ¡y más de dos años de trabajo podían irse al traste en un momento!

¿Qué hacer? ¿A quién acudir? Pleno fin de semana, ¡y puente de Mayo! En este país no trabajaría casi nadie. Y además: localiza a un experto, que esté libre. Luego queda con él, explícale lo que pasa… 

En fin que veía que la situación iba para largo mientras imaginaba al virus devorando poco a poco mis archivos con una maléfica sonrisa…

Entonces recapacité. De nada servía perder los nervios. Había un problema y tenía que buscar la solución. No podía mirar para otro lado ni esperar que se solucionara solo. 

Otras veces había acudido a Elance, (una plataforma donde ofrecen sus servicios profesionales expertos de todo el mundo, entre ellos informáticos, diseñadores, programadores…) para solucionar algún problema, así que me conecté y escribí lo que necesitaba: “Mi web ha sido infectada por este virus (adjunto foto de pantalla). ¿Alguien puede ayudarme?”.

Lo escribí en Español e Inglés. Ningún español contestó (puente de mayo)… pero a los pocos minutos recibí respuesta de varios informáticos de diferentes partes del mundo, ofreciéndose a desinfectar la web.

Y entre ellos me encuentro con la sonrisa tranquilizadora del avatar de Nanz, de Mongolia. “Tranquilo Iñaki. No es nada importante. Yo te lo puedo arreglar ahora si quieres”.  

Miro su perfil, su historial y los comentarios de otros usuarios. Tiene unas excelentes puntuaciones y otros clientes hablan muy bien de él. Y está dispuesto a hacerlo ahora mismo. ¡Perfecto!

Me pide algunas claves de acceso que le envío. “Déjalo de mi cuenta” -me dice-, en cuanto termine te aviso”. Dejo el ordenador y me preparo un café. A los 30 minutos un mensaje de Nanz:

¡Listo! Todo ha ido bien. Te recomiendo pasar este antivirus y borrar las cookies y el historial de navegación antes de volver a acceder a la web. Y como regalo te he instalado algunos sistemas de seguridad y protegido las carpetas más importantes para que no tengas problemas en el futuro. ¡Feliz día!”.

Menos de una hora y ya estaba el problema solucionado. Increíble. De imaginarme pasando varios días angustiado hasta poder dar con la persona adecuada, a descansar tranquilo en el tiempo de tomarte un café.

Pagué a Nanz con un simple click y le di las gracias. Comenté en la página la rapidez y eficacia que había demostrado para que sirviera de guía para otras personas, y pude disfrutar del resto del día como si tal cosa.

Me parecía increíble. ¿Cuánto hubiera costado solucionar algo así en otros tiempos…? 

Cerré los ojos y me relajé por un momento. Me imaginé como Nanz en Mongolia, sentado en una cabaña de pastor nómada. Muy lejos, al otro lado de las estrellas de un desierto del Gobi inmenso, una persona tenía un problema. No un problema informático, claro, sino uno que le hacía padecer mucho, pero que yo sabía cómo solucionar de una manera fácil. 

Y esa persona estaría pensando en qué era lo que tenía que hacer para dejar de sufrir, y yo le trataba de decir que era muy fácil. Que me conectara a través de la web. “¿No ves qué rápido me ha solucionado Nanz mi “infección”antes de que fuera irreversible?. 

Y yo le decía a esa persona que no tenía que buscar a alguien, pedir referencias, quedar, desplazarse a ningún sitio, perder tiempo, dinero y horas de pasarlo mal… Que todo aquello lo podía hacer desde su casa, desde la pantalla de su ordenador, ¡como si ya estuviera aquí mismo!

Y de la misma manera que yo, podría sentir el alivio de caminar hacia la solución en muy poco tiempo.

Tiempos modernos. ¡Qué maravilla! 

Volví hacia la pantalla de mi ordenador y desde una web sana y renovada me puse a escribir este post, pensando que cada día me gusta más lo que hago. 

¿Buscas consulta o terapia online? No dejes que la infección se extienda y que las cosas de compliquen. Escríbeme aquí mismo y da el primer paso, ahora. ¡Mereces sentirte bien!

Leo esta frase, me gusta, me identifico con ella, con mi misión y siento que ayudo a que las cosas en este mundo vayan un poco mejor. 

Fuerte abrazo y ¡nos vemos en el post del viernes!

PD: Si te preguntas quién ese ese aprendiz de Lawrence de Arabia de la foto, recorriendo en camello las arenas del desierto del Gobi en Mongolia, te diré que efectivamente soy yo, hace algunos años. ¿Cómo llegué hasta allí? En un mítico tren, pero eso ya es otra historia…


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